La belleza sirve para entusiasmar en el trabajo, el trabajo para resurgir.

_Cyprian Norwid_

 

Mi  obra está puesta siempre en confrontación a una experiencia de la Belleza de una manera trágica, en conciencia de que nuestra existencia se debate contínuamente entre una desbordante alegría por sabernos existentes, y una profunda angustia ante la realidad de la muerte. La muerte... ¡claro que tiene una respuesta!

Siempre ha nacido en el corazón de los hombres la certeza de una vida futura eterna que la posmodernidad y sus vaivenes nos quieren quitar violentamente. Yo intento presentarla, no imponerla ni explicarla, pues como todas las cosas importantes de la vida, es inexplicable de un punto meramente racionalista, que no racional.

La Belleza está en relación con el Misterio, el Arcano supremo y cognoscible (aunque imposible de abajarlo a una prueba cientifica) de las cosas existentes. Con nuestras incomprensiones, enfermedades y límites, el hombre por encima de toda creatura, puede entrar en contacto con este pretérito Misterio.

El mundo posmoderno tiene como una de sus metas desarraigar al hombre del Misterio y por lo tanto de estos sufrimientos que nos lo desvelan, y encauzarlo a una tecnificación y reducción de la realidad a la simple materia, y todo esto no por malicia sino por miedo de lo desconocido, de lo que va mas allá de nuestras pequeñas inteligencias.

Así, el hombre posmoderno, está condenado a mirarse a sí mismo, su propio bienestar, no puede salir de su egoísmo, de sus masturbaciones, de su sin sabor ante un mundo plano y reduccionnista, las familias no pueden conservarse unidas puesto que sólo la materia y el bienestar cuentan, para, finalmente, sin familia, encontrarse terriblemente sólos ante la paradoja de huir del sufrimiento y encontrarlo redoblado.

El problema es que sin Misterio, el arte tiene poca cabida en nuestro pensamiento colectivo como pueblo, puesto que el arte marca como una prioridad el dar respuesta a cuestiones que desbordan otros campos. Así, el arte se ha convertido en nuestros días en una caricatura burda de lo que fue en otros tiempos, apoyándose contínuamente en la mofa, el escarnio, o en la comicidad de las cosas, girando normalmente en torno a sí, respondiendo contínuamente de manera egocéntrica a la pregunta de qué es el arte y no proyectandose hacia fuera que es su vocacion primera, puesto que si una cosa tiene como función primera el justificar lo que es, diremos que no tiene función.

El trastorno de base de gran parte del arte reinante en el mercado, es que se apoya (sin consciencia) en el existencialismo ateo. En el 1946, Sartre nos demanda una fe ciega para creer que la existencia es preexistente a la esencia, es decir, que las cosas se crean a sí mismas con su propio existir (el ultimo delirio: El Constructivismo). Diremos pues, que un perro no nace perro, sino que su comportamiento y sus actos le convierten (hacen de él) en lo que llamaríamos un perro, pero que no existe la idea preexistente de perro. Si lo aplicamos al arte, no es lícito que nadie diga qué es el arte y actúe en consecuencia (como la lógica nos lo pide), sino que los "artistas" vomitan lo primero que les llega a la faringe y una vez expulsado dejan que su propio vómito coja la forma de una obra de arte (todo esto regado con magníficos discursos).

Ante éste amargor que nos deja el sabernos sin una meta precisa a la que encaminarnos, presento humildemente una contribución a encontrar el sentido último de las cosas.

Marcos.

Pulchritudo valet.